Escrito por Jesús Sánchez Diago
16 de agosto de 2026
Pocas cosas ponen tan nerviosos a unos padres primerizos como ver a su bebé llorar, encoger las piernas y arquear la espalda por los gases. La buena noticia: los gases del bebé son de lo más normal, casi nunca revisten gravedad y hay técnicas sencillas para aliviarlos. Vamos a ver por qué se producen, cómo prevenirlos en la toma, qué hacer para aliviar los gases del bebé y cuándo conviene consultar.
Antes de empezar, una aclaración que tranquiliza: que un bebé tenga gases no significa que hagas nada mal. Su aparato digestivo es inmaduro y necesita meses para rodarse.
Los gases se producen por dos vías principales, y casi siempre las dos a la vez:
Por eso los gases son más llamativos en los primeros tres o cuatro meses y van cediendo a medida que el bebé madura. Es una etapa, no un problema permanente.
El bebé no habla, así que nos guiamos por señales. Las típicas de gases:
Ese último punto es la mejor pista: si el llanto cede en cuanto echa el aire, casi seguro eran gases.
Aliviar es importante, y prevenir lo es todavía más. La mayoría de los gases se reducen cuidando cómo come el bebé:
Cuando ya están ahí, estas maniobras son las que mejor funcionan. Ninguna necesita comprar nada.
Tras cada toma, y también a mitad si es larga, incorpora al bebé y ayúdale a expulsar el aire. Las posturas clásicas:
Con el bebé tumbado boca arriba, masajea su tripa con movimientos circulares suaves en el sentido de las agujas del reloj. Ese es el recorrido del intestino, así que ayudas al gas a avanzar. Es una de las técnicas del masaje infantil, que además calma y refuerza el vínculo.

También boca arriba, coge sus piernas con suavidad y muévelas como si pedaleara una bicicleta. Alterna con llevarle las dos rodillas juntas hacia la barriga y soltar. Ayuda a movilizar el gas hacia abajo.

El calor suave en la tripa relaja. El porteo en posición vertical, el contacto piel con piel y mecerle también calman y favorecen que expulse el aire. A veces lo que más alivia es simplemente tenerlo pegado a ti.
Conviene distinguirlos, porque se confunden. Los gases provocan molestias puntuales que se alivian al expulsarlos. El cólico del lactante es un cuadro de llanto intenso e inconsolable, que aparece a menudo a la misma hora (típicamente por la tarde-noche), durante semanas, en un bebé por lo demás sano y que gana peso.
El cólico no se debe solo a los gases y suele resolverse por sí mismo hacia los tres o cuatro meses. Si el llanto de tu bebé encaja con este patrón y te desborda, coméntalo con el pediatra: te ayudará a manejarlo y a descartar otras causas.
Los gases casi nunca son motivo de alarma. Aun así, busca valoración si aparece alguna de estas señales, que ya no van de gases:
Ante la duda, pregunta. Esta guía te orienta, pero no sustituye la valoración de tu pediatra.
Si quieres un esquema sencillo que integre todo lo anterior, esta pequeña rutina reduce los gases sin convertir cada toma en un examen:
No hace falta hacerlo todo siempre. Con el tiempo verás qué le funciona mejor a tu bebé y te quedarás con dos o tres gestos de cabecera.
Y recuerda que las tardes suelen ser el peor momento: es cuando más se acumulan el cansancio y los gases. Anticiparte con estas maniobras antes de que el llanto se dispare marca la diferencia.
Es recomendable intentarlo tras cada toma, sobre todo los primeros meses. Si tras un rato en vertical no echa el aire y está tranquilo, no pasa nada: puedes acostarlo igualmente.
No necesariamente. Tanto con pecho como con biberón hay gases; lo que más influye es cuánto aire traga y la madurez de su digestión. Un buen agarre ayuda en ambos casos.
Sí, ayuda a movilizar el gas y, además, relaja al bebé. El masaje suave de barriga en el sentido de las agujas del reloj y la bicicleta con las piernas son de lo más efectivo en casa.
Son más intensos los primeros tres o cuatro meses y van cediendo a medida que el bebé madura. Con la introducción de sólidos pueden aparecer episodios nuevos, pero suele ser algo puntual.
Los gases del bebé son una etapa incómoda pero normal. Cuida la toma para prevenirlos, ten a mano las maniobras para aliviarlos y confía en tu instinto: si algo se sale del patrón habitual, tu pediatra está para eso.